Por este motivo, desde entonces la hermandad aprovecha la bajamar y realiza prácticamente en línea recta por la orilla de playa de San Pablo el trayecto que le separa de la Capilla de los Navegantes, mientras que antes debía hacerlo dando un considerable rodeo por las complicadas callejuelas del barrio. Con lo que la Hermandad no contaba era con la presencia de una anual y traidora ola que, desde ese mismo Viernes Santo de 1902, presencia cada año espectante su tránsito por la playa para tragarse el paso de la Virgen nada más pisar la arena.
Afortunadamente todos los años la mar nos lo devuelve en buen estado de conservación, teniendo en cuenta que se trata de piezas en su mayoría más que centenerias. La Virgen del Buen Aire es una obra de autor anónimo de finales del siglo XVII. Viste rico manto y saya de terciopelo negro bordado en oro por Emilia Salvador Ybarra en (1891) y corona de Palomino (1851). El palio y la bambalinas, también de terciopelo negro bordado en oro, son obra de la misma bordadora realizada en (1888).
En la imagen un grabado de la Virgen del Buen Aire o de los Navegantes titular de la Congregación del Santo Cristo del Suplício.

1 comentario:
Me alegro de que una imagen tan venerada por los darolianos haya vuelto a aparecer.
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